Situado en el Anillo Olímpico de Montjuïc, el campo de fútbol y sus recorridos perimetrales se asientan sobre un terreno que requiere soluciones claras para garantizar estabilidad y buen funcionamiento del conjunto.
La modulación regular de las piezas permite una ejecución eficiente y precisa, adaptándose a tramos rectos y, especialmente, a geometrías curvas como las que se producen en el perímetro del campo, manteniendo una lectura uniforme y controlada del conjunto.
Más allá de su función estructural —contención del terreno y estabilización del talud—, el muro contribuye a mejorar la seguridad y el funcionamiento del recinto: delimita el borde de circulación, protege las zonas de paso y acompaña los recorridos interiores, integrándose con los elementos existentes (barandillas, cerramientos y estructuras ligeras) sin competir con la arquitectura emblemática del estadio.
El resultado es una solución técnica y a la vez arquitectónica, que aporta orden, continuidad y coherencia visual a un espacio de alta exigencia de uso, reduciendo el mantenimiento y reforzando la calidad del entorno en un equipamiento deportivo de referencia.




